Por petición popular, no general pero sí acertada, dedico unas líneas al que, sin duda alguna, es el país más fascinante de los que he conocido (no son demasiados, todo hay que decirlo). Creo que su gran encanto reside en el hecho de que es el lugar en el que confluyen, chocan y se mezclan amistosamente dos culturas que, por interés más que como realidad ineludible, siempre se nos presentan como enfrentadas.
Turquía es el lugar idóneo para reconocer las similitudes y admirar la belleza de las diferencias, allí es donde mejor se puede aprender y enseñar, es una lengua del mar islámico que se introduce en Europa y, en vez de ahogar, como muchos pretenden decir, a sus habitantes, riega sus campos, fertiliza sus tierras y seca sus gargantas.
Dejo ya el liricismo, que tampoco me gusta ponerme sentimentaloide, para darle un poco de chicha al asunto. Desde un punto de vista político, gracias a Atatürk, el gran visionario, Turquía es un país laico y moderno (con problemas para asemejarse a Europa, pero todos solucionables). Quizás, y sólo quizás, uno de ellos no: el papel del ejército en la vida política, ya que es el encargado de velar por el laicismo.
Lo que me preocupa es lo siguiente: han pasado casi 70 años desde que Atatürk murió, y en las últimas elecciones turcas ha sido evidente el paulatino giro de la población hacia posturas menos laicas y más religiosas (cosa por otra parte entendible teniendo en cuenta el fuerte arraigo de la religión islámica). El problema es que los miembros del ejército no son inmortales que permanezcan en sus cargos desde los años 20 y 30 hasta el fin del mundo, sino que en algún momento se tiene que renovar por completo y, siguiendo la opinión del voto, cada vez será menos laico.
Quizás lo que evita esa situación (que, en mi opinión, ya debería estar dando señales de aparición y no lo hace) es el fuerte patriotismo turco que gira en torno a la figura de Mustafá Kemal; mientras se mantenga esa "adoración" hacia Atatürk y sus reformas, el ejército desempeñará el papel encomendado aunque personalmente cada soldado prefiriera un gobierno de religiosidad más evidente.
Analizado esto, se me ocurre pensar que quizás este sea el método para la modernización de todos aquellos países en los que el Islam es la religión más extendida y, por ser además la religión oficial del Estado, acarrea tantos conflictos nacionales e internacionales. ¿Cuál es la fórmula a aplicar entonces?, que surjan líderes reformistas con poder sobre el ejército que tengan la capacidad de "imponer" y "convencer" a las poblaciones de que el cambio es necesario. La dificultad sea quizás que muchos de esos países no tienen la vinculación con Europa que tiene Turquía y, por tanto, la aceptación de una propuesta así sea muy reducida o, incluso, inexistente.
Turquía es el lugar idóneo para reconocer las similitudes y admirar la belleza de las diferencias, allí es donde mejor se puede aprender y enseñar, es una lengua del mar islámico que se introduce en Europa y, en vez de ahogar, como muchos pretenden decir, a sus habitantes, riega sus campos, fertiliza sus tierras y seca sus gargantas.
Dejo ya el liricismo, que tampoco me gusta ponerme sentimentaloide, para darle un poco de chicha al asunto. Desde un punto de vista político, gracias a Atatürk, el gran visionario, Turquía es un país laico y moderno (con problemas para asemejarse a Europa, pero todos solucionables). Quizás, y sólo quizás, uno de ellos no: el papel del ejército en la vida política, ya que es el encargado de velar por el laicismo.
Lo que me preocupa es lo siguiente: han pasado casi 70 años desde que Atatürk murió, y en las últimas elecciones turcas ha sido evidente el paulatino giro de la población hacia posturas menos laicas y más religiosas (cosa por otra parte entendible teniendo en cuenta el fuerte arraigo de la religión islámica). El problema es que los miembros del ejército no son inmortales que permanezcan en sus cargos desde los años 20 y 30 hasta el fin del mundo, sino que en algún momento se tiene que renovar por completo y, siguiendo la opinión del voto, cada vez será menos laico.
Quizás lo que evita esa situación (que, en mi opinión, ya debería estar dando señales de aparición y no lo hace) es el fuerte patriotismo turco que gira en torno a la figura de Mustafá Kemal; mientras se mantenga esa "adoración" hacia Atatürk y sus reformas, el ejército desempeñará el papel encomendado aunque personalmente cada soldado prefiriera un gobierno de religiosidad más evidente.
Analizado esto, se me ocurre pensar que quizás este sea el método para la modernización de todos aquellos países en los que el Islam es la religión más extendida y, por ser además la religión oficial del Estado, acarrea tantos conflictos nacionales e internacionales. ¿Cuál es la fórmula a aplicar entonces?, que surjan líderes reformistas con poder sobre el ejército que tengan la capacidad de "imponer" y "convencer" a las poblaciones de que el cambio es necesario. La dificultad sea quizás que muchos de esos países no tienen la vinculación con Europa que tiene Turquía y, por tanto, la aceptación de una propuesta así sea muy reducida o, incluso, inexistente.
