23/2/07
Pisando Fuerte, el doble madero
14/2/07
12/2/07
Con las tripas del último cura se hará lo que ya se sabe, con las del primero se forra el Corte Inglés
Pues resulta que, allá por épocas del Imperio Romano, y antes del Edicto de Milán (313 d.C.), había un señor cura llamado Valentín que casaba en secreto a parejas de cristianos; total, que como Valentín era un valiente estúpido (mira lo que le pasó a Jesucristo, y él era hijo del jefe), le dio igual que esas actividades estuvieran perseguidas (los romanos ya sabían que el matrimonio era la principal causa del divorcio, de ahí su afán por evitarlo) y al final se lo cargaron. El resultado es un mártir y/o santo y, por tanto (rima y todo), hay que darle un día.
Lector, yo he estado enamorado, y que el día de los enamorados lleve el nombre de aquel primer individuo que se dedicó a joder relaciones de pareja, me parece algo terrible. ¿Quieren merchandising?¡Adelante! Pero celebremos que los romanos libraron a montones de parejas de su ruptura y dejemos que el pobre cura se muera tranquilo, sin tanta horterada que hasta él mismo debe odiar.
Y no voy de anticlerical, ¿eh? No mas de lo necesario, claro; porque, si cada uno está en su casa y Dios en la de todos, ¿para qué necesitamos a tanto cura y tanta iglesia? El cura santón que hace buenas obras, las hará aunque no sea cura; y el cura cabrón, será menos peligroso si es sólo cabrón y no ambas cosas.
11/2/07
Calles de Fuego: rock, explosiones y acción cutre en VHS del año del catapún
Tal y como se había acordado mi colaboración con Episkaia (este artículo saldrá en el nº 13), yo debía hablar de los grandes treces de la historia, pero como cabalista me he enfrentado al gran problema que representa semejante trabajo: hay una cantidad ingente de números (los comprendidos entre -∞ y +∞) que tienen peculiaridades y significados, y uno empieza hablando del 13 y acaba con el 496752. Ante semejante problema, he decidido hacer uso de mi libertad de tema y sorprender a los lectores de Episkaia con una crítica cinematográfica; la película escogida es Calles de Fuego (Streets of fire), hecha en 1984.
Voy rebuscando entre la jauría de vinilos, libros, DVDs y animales hasta que por fin encuentro esa voluminosa carátula de VHS que es casi tan gorda como mi edición en un solo volumen de El Señor de los Anillos. Analicemos, en primer lugar, la fascinante portada: tenemos la fotografía de un señor con gabardina que apoya su pata sobre la rueda de una moto mientras algo explota a su espalda; lleva una escopeta en la mano. El texto de la carátula dice: “El malo. La belleza. El valiente. La música. El impacto. CALLES DE FUEGO, una fantasía rock”.
Argumento: en un barrio bajo de Nueva York, hay una banda de moteros que siembra el pánico (nótese la originalidad del ambiente); una chati (Diane Lane, participa en Bajo el sol de la Toscana), que se ha convertido en una famosa cantante de rock, vuelve al barrio (donde se crió) para dar un concierto y los moteros la secuestran. Entonces, una chica del pueblo llama a su hermano (Michael Paré), que estuvo saliendo con la chati (y además es el prota y tiene la fascinante profesión de “mercenario”), para que vuelva a la ciudad y la rescate.
La chati, que es novia de su manager (Rick Moranis), no podrá evitar tener sus rolletes con su ex, que es muy sexy cuando se queda en camiseta de algodón y con los tirantes puestos marcando barriga; Moranis se cabreará mucho no porque sea su novia, sino porque paga al prota para que la salve, no para que se líe con ella.
El cuadro se completa con el jefe de policía negro (interpretado por un actor que siempre hace ese mismo papel, ejemplo de ello es El Cuervo –la versión con Brandon Lee-), un malo malísimo que se parece a Frankenstein (y que resulta ser un jovencísimo Willem Dafoe), y McCoy (que no es el médico de Star Trek sino una mujer rubia y con vestigios de alcohólica, a la que la sinopsis oficial define como “persona de pocas palabras y tiro rápido”).
Escenas míticas:
-La llegada del prota al pueblo; el tipo llega a la “típicacafeteríaamericana” (la dueña es su hermana) y se da de hostias con unos macarras (destaca que, al mismo tiempo que uno saca una navaja y comienza la pelea, empieza a sonar un rock ‘n roll de esos que moverían las caderas del esqueleto de Elvis).
-El asalto a la base de los malos (“La Batería”), durante el cual, aprovechando eso de que son moteros, aumenta el número de “cosasqueexplotansinmotivoyqueestanenlasbasesdelosmalos”; durante la huída, además, secuestrarán el autobús en el que viajan un grupo de negros que cantan soul (de forma que se juntan McCoy –al volante-, el mercenario, la ex del mercenario, Rick Moranis, el grupo de negros y la “fan número 1” de la chati, que se encuentra con ellos y se les pega como una lapa).
-No puedo pasar por alto la conversación entre la cantante y la fan; la cantante terminará reconociendo que ella no escribe las letras ni compone, sino que su novio y manager las compra, las roba o “a saber”.
-Finalmente, hay una maravillosa pelea final en la que los acontecimientos se desarrollan de la siguiente manera: primero llegan Dafoe y dos colegas en moto, y delante está nuestro mercenario discutiendo con el madero negro que le intenta convencer de que se marche del barrio.
Cuando los moteros paran, salen hasta de debajo de las piedras un montón de civiles armados (¡qué bonito es eso de la posesión lícita de armas de fuego!) que apuntan a Dafoe, pero él toca una bocina y salen el triple de moteros (con Harleys y todo). Entonces motero y mercenario deciden que es algo personal, el madero negro acepta su incompetencia y le dice al mercenario “duro con él”. Entonces Dafoe saca dos picos de metal (!?) y los dos comienzan a partirse la cara; obviamente gana el mercenario y los moteros deciden dejar de dar por culo.
Entre medias, el mercenario pasa de coger el dinero y sólo le da su parte a McCoy (que va de socia); esto genera un poco de drama que se soluciona rápidamente cuando el mercenario dice algo como “Quédate con el feo del manager, que yo me dedico a partirme la cara por ahí y no te convengo”.
Entonces el mercenario y McCoy se marchan en el descapotable que él mango a los macarras al principio de la peli; al mismo tiempo, la cantante hace una actuación con los negros que cantan soul. Ese es el final de la película.
Lo cierto es que su banda sonora merece bastante la pena (es obra de Ry Cooder y Jim Steinman, y a mí me recuerda bastante a algunas cosas de Janis Joplin), pero su argumento es la típica historia del pistolero que libra al pueblo del cacique porque el Sheriff es un incompetente; y cito de nuevo la sinopsis oficial: “Es violenta no sólo por sus luchas callejeras y sus fuegos de artificio [ni que fuera el Año Nuevo chino, oiga], sino también por la energía y rapidez con la que se desenvuelve".
El director, Walter Hill (que además co-escribió el guión con Larry Gross), es concocido sobre todo por colaborar en la producción de toda la saga de Alien y de Alien vs. Predator (cuya segunda parte está en camino); como director tiene un montón de películas, pero llaman la atención La Profecía (del dos mil y pico) y Supernova (del dos mil). En cuanto a Michael Paré, el prota, sólo ha hecho cosas de serie B, algunas incluso en televisión (como aparición en la serie Starhunter); y Amy Madigan, que hace de McCoy, tiene un papel en Solos con nuestro tío, la peli esa protagonizada por John Candy y el niño Culkin (que ya comparten pantalla en Solo en casa).¿Qué decir, en resumen, de esta película? Que es mejor oírla que verla, y que uno tiene que mentalizarse antes de hacerlo para saber exactamente qué hay que esperar de ella.
8/2/07
Chemita confiesa
5/2/07
El atractivo de dar hostias al hijo del jefe
Sin duda el artículo podría ir por ahí, pero no; me refiero al otro hijo del otro jefe; EL HIJO y EL JEFE, y podríamos mentar a LA PALOMA. Pues si hablamos, como ya se habrá deducido, de Txus, y en el título se habla de "hostias", en plural, está claro que vamos a hablar de La Pasión de Cristo, by Mel Gibson.
La pregunta es: ¿qué se le pasa a este señor por la cabeza cada vez que dirige algo? Todos recordamos, por mencionar algo de su trabajo como actor, la mítica escena de una de las partes de Arma Letal en la que se pica con la chati de turno para ver quién tiene más cicatrices de heridas de bala, tras la cual acaban liados. Ha dirigido El Hombre sin Rostro, Braveheart, La Pasión de Cristo y Apocalypto (esta última de título terriblemente casposo pero muy atractiva a mi juicio); de ellas, Braveheart es la otra que ha cosechado más fama (aunque queda un poco terrible que Gibson haga de William Wallace y que hable de "libertad", "rebelión", "lucha" y demás) y ya apuntaba a la violencia, la sangre, y la superproducción. Con La Pasión de Cristo se reafirmó en esos tres aspectos, a los que sumó su particular visión del episodio bíblico.
La historia es harto conocida: Jesús las pasa canutas y muere en la cruz. Pero el planteamiento es novedoso, ya que hay dos horas de película y, por mucho que se dilate la narración de Pilatos para arriba y Herodes para abajo, tiene que haber (y hay) mucho latigazo. He de decir que la película la vi en el cine, en plena Semana Santa, en Sevilla, y con mi abuela; como se puede comprobar, las circunstancias eran idóneas (al entrar en la sala nos dieron propaganda de la Iglesia Evangélica y todo).
El efecto que tuvo la película era el que se podía esperar, y es precisamente el efecto el que preocupa. Por un lado, hubo gente que no soportó ver una narración tan explícita y exagerada de los hechos (mi propia abuela dijo que era DEMASIADO aunque aguante perfectamente la imaginería cruenta de la Semana Santa sevillana), de hecho se contó con la presencia del espectador que va al cine a ver las películas impactantes para desmayarse (cosa que ocurrió también con la alemana El Caníbal de Rottenburgo); por otro, están todos aquellos que la vieron magnífica, o al menos interesante desde el punto de vista cinéfilo (incluyéndose la Iglesia, la crítica, y yo mismo), y esto es lo que preocupa. Antes he preguntado qué se le pasa por la cabeza a Gibson, pero lo realmente importante es qué pasa por la de los demás para llegar al punto de conseguir la película y verla de nuevo (como hice la semana pasada); en un principio sólo parece una muestra más de la vanalización de toda violencia y de lo retorcido de la mente humana que la usa como entretenimiento, pero no hay que olvidar que el personaje que está en la pantalla es Jesucristo, que se trata de uno de los episodios fundamentales de La Biblia, y que el propio Papa, por aquél entonces Juan Pablo II, comunicó su agrado al verla (aunque por aquel entonces ya debía hablar el Opus más que él).
Esperaré con ansia el día en que alguien se decida a hacer una película con lo que pudo ser la vida real de Jesús; que es cierto que hay muchos análisis distintos, pero yo me quedaría con el que hace Marvin Harris en Vacas, cerdos, guerras y brujas (lectura harto recomendable, y muy especialmente los capítulos dedicados a Jesucristo junto con los de la caza de brujas).



