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23/2/07

Pisando Fuerte, el doble madero

Una vez más un servidor se arriesga a ver y comentar (o contar, porque sé que cuento las películas de principio a fin) una película de las que tienen el "Pésimo" en su denominación de origen; la escogida en esta ocasión es Pisando Fuerte (Walking Tall), protagonizada por The Rock (ese actor de etnia desconocida que ya salió en El Rey Escorpión).

La vi en su momento en el cine, así que esto no ha sido más que un sometimiento voluntario para ver la bazofia por la que, tristemente, ya pagué una vez.

Resulta que The Rock es un ex-militarote que vuelve a su pueblo dispuesto a dejar su vida de violencia y terror, y descubre que allí todo ha cambiado mucho: en vez de un aserradero, la fuente de ingresos del pueblo es un casino; donde había un almacén de maderas, han puesto un "perverso" sex shop; hay drogadictos por todas partes... Total, que el hombre vuelve a casa contentísimo, se reencuentra con los colegas y una de las primeras cosas que hace es echar un partido de fútbol americano con quien resulta ser el dueño del casino y el malo de la película (Dean McDonough); ahí ya se demuestra que el tío es chungo porque hacen juego sucio y por eso ganan, pero la cosa acaba bien y les invita al casino.

Y tenemos el magnífico casino; con chicas de cuerpo 10 (y que llevan fantásticas camisetas que jamás se mojan aunque se vea tres veces cómo ellas quedan bajo un chorro de agua), ruletas, black jack, tragaperras, a la amiga de The Rock -y después su chati- como bailarina de striptease y, por último, un croupier tramposo. The Rock le pilla, hay bronca, se dan de hostias y los encargados de seguridad le putean cosa fina.

Hay una bronca, un intento de denuncia (los maderos están compraos), un problema entre el sobrino de The Rock y una dosis de speed y entonces llega The Rock y decide que hay que darle caña al hijoputa del casino (la dronga la pasan los de seguridad). En principio el tío va a entrar en el casino con una escopeta, pero su papi le ha insistido mucho en que no lo haga (parece que por una mezcla de pacifismo y evitar líos); entonces The Rock coge una tabla de madera, entra en el casino y la monta.

La policía le detiene, y hay un juicio; The Rock da un discursito muy mono diciendo que él hizo lo que debía y que si es declarado inocente se presentará a las elecciones al cargo de Sheriff y limpiará la ciudad de drogas y to' lo malo; en su contra declaran unos cuantos diciendo que es muy violento, una máquina de matar y bla bla bla (todo muy cierto). Le declaran inocente y es elegido Sheriff.

A partir de ese momento The Rock parece Johnny 2x4, el personaje de la serie Ed, Edd y Eddy; el trozo de madera y él son inseparables. The Rock le hace la vida imposible al tipo del casino, y empieza a acabar con la red de narcotráfico del pueblo; a partir de este momento los medios se hacen cada vez más violentos y dudosos (aunque no ha pegado un sólo tiro).

Entonces las cosas se precipitan; el malo busca venganza dando caña a la familia de The Rock mientras él se está liando con la chica en la comisaría (ella ha dejado el striptease para dar ejemplo), que es destrozada a tiros por otro grupete de secuaces; así tenemos a The Rock, que se ha quedado sin palo, disparando con una escopeta mientras la chica pone cara de asustada y nos enseña lo buena que está en sujetador rojo y con unos vaqueros muy ceñidos. En el asalto que hacen los malos a la casa, el padre de The Rock acaba con su pacifismo y usa la escopeta; ya no cabe duda de que a los malos hay que llenarlos de plomo.

Tenemos una última pelea entre el malo (con un hacha) y The Rock (con un tronco que coge mientras se revuelcan por el bosque), y entonces acaba la película; de nuevo funciona el aserradero y el casino queda cerrado.

Es una hora y cuarto de película en el que la conducta fascistoide se incrementa de forma gradual, llena de chistes "ingeniososalochuacheneguer", y que puede tener un planteamiento curioso hasta el momento en el que el tío mata y no sólo pega.
Lo que realmente sorprende de esta película es que se supone que está basada en un hecho real, y yo me pregunto "¿hasta qué punto es fiel a la realidad?"; se ve que el tipo real se llama Buford Pusser, pero no sé nada más de la historia. Como curiosidad diré que esta es un remake de una peli hecha en el 73 y que tuvo dos secuelas (parece que fue más fiel a la histora real que esta, aunque el detalle del palo también está presente).







12/2/07

Con las tripas del último cura se hará lo que ya se sabe, con las del primero se forra el Corte Inglés

Damas y caballeros, consumistas y consumistas (una pena que sea un adjetivo de género invariable), se acerca esa maravillosa fecha que es San Valentín; y no es que me vaya a poner a criticarla porque soy un soltero asqueado de tanto corazoncito y tanto rosa (que lo soy), sino que me pregunto yo lo siguiente: ¿sabe el lector de dónde viene la celebración?
Pues resulta que, allá por épocas del Imperio Romano, y antes del Edicto de Milán (313 d.C.), había un señor cura llamado Valentín que casaba en secreto a parejas de cristianos; total, que como Valentín era un valiente estúpido (mira lo que le pasó a Jesucristo, y él era hijo del jefe), le dio igual que esas actividades estuvieran perseguidas (los romanos ya sabían que el matrimonio era la principal causa del divorcio, de ahí su afán por evitarlo) y al final se lo cargaron. El resultado es un mártir y/o santo y, por tanto (rima y todo), hay que darle un día.
Lector, yo he estado enamorado, y que el día de los enamorados lleve el nombre de aquel primer individuo que se dedicó a joder relaciones de pareja, me parece algo terrible. ¿Quieren merchandising?¡Adelante! Pero celebremos que los romanos libraron a montones de parejas de su ruptura y dejemos que el pobre cura se muera tranquilo, sin tanta horterada que hasta él mismo debe odiar.
Y no voy de anticlerical, ¿eh? No mas de lo necesario, claro; porque, si cada uno está en su casa y Dios en la de todos, ¿para qué necesitamos a tanto cura y tanta iglesia? El cura santón que hace buenas obras, las hará aunque no sea cura; y el cura cabrón, será menos peligroso si es sólo cabrón y no ambas cosas.

11/2/07

Calles de Fuego: rock, explosiones y acción cutre en VHS del año del catapún

Tal y como se había acordado mi colaboración con Episkaia (este artículo saldrá en el nº 13), yo debía hablar de los grandes treces de la historia, pero como cabalista me he enfrentado al gran problema que representa semejante trabajo: hay una cantidad ingente de números (los comprendidos entre -∞ y +∞) que tienen peculiaridades y significados, y uno empieza hablando del 13 y acaba con el 496752. Ante semejante problema, he decidido hacer uso de mi libertad de tema y sorprender a los lectores de Episkaia con una crítica cinematográfica; la película escogida es Calles de Fuego (Streets of fire), hecha en 1984.
Voy rebuscando entre la jauría de vinilos, libros, DVDs y animales hasta que por fin encuentro esa voluminosa carátula de VHS que es casi tan gorda como mi edición en un solo volumen de El Señor de los Anillos. Analicemos, en primer lugar, la fascinante portada: tenemos la fotografía de un señor con gabardina que apoya su pata sobre la rueda de una moto mientras algo explota a su espalda; lleva una escopeta en la mano. El texto de la carátula dice: “El malo. La belleza. El valiente. La música. El impacto. CALLES DE FUEGO, una fantasía rock”.

Argumento: en un barrio bajo de Nueva York, hay una banda de moteros que siembra el pánico (nótese la originalidad del ambiente); una chati (Diane Lane, participa en Bajo el sol de la Toscana), que se ha convertido en una famosa cantante de rock, vuelve al barrio (donde se crió) para dar un concierto y los moteros la secuestran. Entonces, una chica del pueblo llama a su hermano (Michael Paré), que estuvo saliendo con la chati (y además es el prota y tiene la fascinante profesión de “mercenario”), para que vuelva a la ciudad y la rescate.
La chati, que es novia de su manager (Rick Moranis), no podrá evitar tener sus rolletes con su ex, que es muy sexy cuando se queda en camiseta de algodón y con los tirantes puestos marcando barriga; Moranis se cabreará mucho no porque sea su novia, sino porque paga al prota para que la salve, no para que se líe con ella.
El cuadro se completa con el jefe de policía negro (interpretado por un actor que siempre hace ese mismo papel, ejemplo de ello es El Cuervo –la versión con Brandon Lee-), un malo malísimo que se parece a Frankenstein (y que resulta ser un jovencísimo Willem Dafoe), y McCoy (que no es el médico de Star Trek sino una mujer rubia y con vestigios de alcohólica, a la que la sinopsis oficial define como “persona de pocas palabras y tiro rápido”).

Escenas míticas:
-La llegada del prota al pueblo; el tipo llega a la “típicacafeteríaamericana” (la dueña es su hermana) y se da de hostias con unos macarras (destaca que, al mismo tiempo que uno saca una navaja y comienza la pelea, empieza a sonar un rock ‘n roll de esos que moverían las caderas del esqueleto de Elvis).
-El asalto a la base de los malos (“La Batería”), durante el cual, aprovechando eso de que son moteros, aumenta el número de “cosasqueexplotansinmotivoyqueestanenlasbasesdelosmalos”; durante la huída, además, secuestrarán el autobús en el que viajan un grupo de negros que cantan soul (de forma que se juntan McCoy –al volante-, el mercenario, la ex del mercenario, Rick Moranis, el grupo de negros y la “fan número 1” de la chati, que se encuentra con ellos y se les pega como una lapa).
-No puedo pasar por alto la conversación entre la cantante y la fan; la cantante terminará reconociendo que ella no escribe las letras ni compone, sino que su novio y manager las compra, las roba o “a saber”.
-Finalmente, hay una maravillosa pelea final en la que los acontecimientos se desarrollan de la siguiente manera: primero llegan Dafoe y dos colegas en moto, y delante está nuestro mercenario discutiendo con el madero negro que le intenta convencer de que se marche del barrio.
Cuando los moteros paran, salen hasta de debajo de las piedras un montón de civiles armados (¡qué bonito es eso de la posesión lícita de armas de fuego!) que apuntan a Dafoe, pero él toca una bocina y salen el triple de moteros (con Harleys y todo). Entonces motero y mercenario deciden que es algo personal, el madero negro acepta su incompetencia y le dice al mercenario “duro con él”. Entonces Dafoe saca dos picos de metal (!?) y los dos comienzan a partirse la cara; obviamente gana el mercenario y los moteros deciden dejar de dar por culo.
Entre medias, el mercenario pasa de coger el dinero y sólo le da su parte a McCoy (que va de socia); esto genera un poco de drama que se soluciona rápidamente cuando el mercenario dice algo como “Quédate con el feo del manager, que yo me dedico a partirme la cara por ahí y no te convengo”.
Entonces el mercenario y McCoy se marchan en el descapotable que él mango a los macarras al principio de la peli; al mismo tiempo, la cantante hace una actuación con los negros que cantan soul. Ese es el final de la película.

Lo cierto es que su banda sonora merece bastante la pena (es obra de Ry Cooder y Jim Steinman, y a mí me recuerda bastante a algunas cosas de Janis Joplin), pero su argumento es la típica historia del pistolero que libra al pueblo del cacique porque el Sheriff es un incompetente; y cito de nuevo la sinopsis oficial: “Es violenta no sólo por sus luchas callejeras y sus fuegos de artificio [ni que fuera el Año Nuevo chino, oiga], sino también por la energía y rapidez con la que se desenvuelve".
El director, Walter Hill (que además co-escribió el guión con Larry Gross), es concocido sobre todo por colaborar en la producción de toda la saga de Alien y de Alien vs. Predator (cuya segunda parte está en camino); como director tiene un montón de películas, pero llaman la atención La Profecía (del dos mil y pico) y Supernova (del dos mil). En cuanto a Michael Paré, el prota, sólo ha hecho cosas de serie B, algunas incluso en televisión (como aparición en la serie Starhunter); y Amy Madigan, que hace de McCoy, tiene un papel en Solos con nuestro tío, la peli esa protagonizada por John Candy y el niño Culkin (que ya comparten pantalla en Solo en casa).¿Qué decir, en resumen, de esta película? Que es mejor oírla que verla, y que uno tiene que mentalizarse antes de hacerlo para saber exactamente qué hay que esperar de ella.

8/2/07

Chemita confiesa

Hace ya bastantes años desde que ese individuo bajito y con bigote dijo aquello de "Váyase, señor González", seguramente que soñando ya con llegar a ser el "presi" y con visitar un rancho tejano para ponerse a las órdenes del cretino yankee que lidera el mundo.
El caso es que ha desarrollado la tormentosa habilidad de reaparecer con fuerza cada vez que parece que, por fin, nos hemos librado de su presencia; tuvo que meter varias veces la pata, y tuvo que haber un atentado en Atocha, para que le diéramos puerta de una vez por todas a él y al nefasto Partido Popular, pero aún así su mayor cagada, SU GUERRA de Irak, sigue teniendo consecuencias.
Y es que Chemita ha reconocido, tras hacerse público el informe de la ONU, que NO había armas de destrucción masiva en Irak. Responde a esto diciendo que lo sabe ahora, pero que entonces no lo sabía, y que desearía haberlo sabido entonces; pienso en escribir aquí y decicarle los insultos más destructivos que conozco y creo me quedaría corto.
En cualquier caso, no deja de parecerme graciosa (por lo patética que resulta) su declaración. Los políticos parecen haber encontrado la manera de burlar a la Lógica y así poder afirmar una cosa y luego negarla (o viceversa), considerando ambas igual de válidas y ciertas sin que se tomen medidas. Aznar, por aquel entonces Presidente del Gobierno, decía que estaba seguro, que sabía, que tenía pruebas de que había armas de destrucción masiva en Irak; y ahora reconoce lo contrario, y aún así lo plantea de tal modo que ha de considerársele inocente, víctima quizás del control mental que es capaz de ejercer Bush sobre el resto de los mortales, pero Aznar sólo es víctima de su avaricia y de su megalomanía. Es más, se atreve a decir que entonces todos estábamos convencidos de que las había, y que sólo ahora averiguamos que no es así; claro, Chemita, ¿nos manifestábamos para pasar el rato?
Basta de eufemismos y de ironías, lo mejor es decirlo alto y claro: este señor HA MENTIDO, MIENTE y MENTIRÁ; no hay forma de negar la Ley de la Contradicción, Chemita. Algún día, si a la humanidad le queda un atisbo de decencia (aunque cada vez me convenzo más de lo contrario), todos aquellos que aprobaron y justificaron esa guerra (y todas las demás que se hacen por motivos similares) serán juzgados; si no, si queremos permitir que mientan, por lo menos no permitamos que nos engañen y llamémosle mentiroso (llamémoselo a todos, porque, desgraciadamente, no es el único).
Me niego a pasar más tiempo descargando mi furia contra el teclado del ordenador, que no tiene ninguna culpa de los errores de ese cretino. Sin embargo, no puedo acabar sin mencionar las maravillosas palabras que le dedicó Manolo Kabezabolo en su disdo La nueva mayoría; sin duda fueron, sin pretenderlo, la única profecía cierta de la Historia.

Ay, Jose María Aznar,
no te quieres enterar,
que yo no te fui a votar.
Ay, Jose María Anzar,
¡ye, ye!,
yo no te fui a votar,
¡ye, ye, ye, ye!
Pues, por mucho que hables o prometas,
no veo en ti ninguna solución.
Así que no te votaré,
¡ye, ye!,
porque no te puedo ver,
¡ye, ye, ye, ye!
Me recuerdas a aquel Adolfo Hitler,
hijoputa bigotón, ¡chis pón!.
(La música es la de La chica yeye, no tiene pérdida)

5/2/07

El atractivo de dar hostias al hijo del jefe

Pues eso, uno trabaja en una empresa y tiene como compañero/superior al hijo del jefe; es un cabestro, un garrulo, una ameba en coma estaría mejor capacitada para hacer su trabajo, peeeeeero ahí esta él y tú a su lado luchando contra ti mismo para no estrellar su cabeza contra la mesa.
Sin duda el artículo podría ir por ahí, pero no; me refiero al otro hijo del otro jefe; EL HIJO y EL JEFE, y podríamos mentar a LA PALOMA. Pues si hablamos, como ya se habrá deducido, de Txus, y en el título se habla de "hostias", en plural, está claro que vamos a hablar de La Pasión de Cristo, by Mel Gibson.
La pregunta es: ¿qué se le pasa a este señor por la cabeza cada vez que dirige algo? Todos recordamos, por mencionar algo de su trabajo como actor, la mítica escena de una de las partes de Arma Letal en la que se pica con la chati de turno para ver quién tiene más cicatrices de heridas de bala, tras la cual acaban liados. Ha dirigido El Hombre sin Rostro, Braveheart, La Pasión de Cristo y Apocalypto (esta última de título terriblemente casposo pero muy atractiva a mi juicio); de ellas, Braveheart es la otra que ha cosechado más fama (aunque queda un poco terrible que Gibson haga de William Wallace y que hable de "libertad", "rebelión", "lucha" y demás) y ya apuntaba a la violencia, la sangre, y la superproducción. Con La Pasión de Cristo se reafirmó en esos tres aspectos, a los que sumó su particular visión del episodio bíblico.
La historia es harto conocida: Jesús las pasa canutas y muere en la cruz. Pero el planteamiento es novedoso, ya que hay dos horas de película y, por mucho que se dilate la narración de Pilatos para arriba y Herodes para abajo, tiene que haber (y hay) mucho latigazo. He de decir que la película la vi en el cine, en plena Semana Santa, en Sevilla, y con mi abuela; como se puede comprobar, las circunstancias eran idóneas (al entrar en la sala nos dieron propaganda de la Iglesia Evangélica y todo).
El efecto que tuvo la película era el que se podía esperar, y es precisamente el efecto el que preocupa. Por un lado, hubo gente que no soportó ver una narración tan explícita y exagerada de los hechos (mi propia abuela dijo que era DEMASIADO aunque aguante perfectamente la imaginería cruenta de la Semana Santa sevillana), de hecho se contó con la presencia del espectador que va al cine a ver las películas impactantes para desmayarse (cosa que ocurrió también con la alemana El Caníbal de Rottenburgo); por otro, están todos aquellos que la vieron magnífica, o al menos interesante desde el punto de vista cinéfilo (incluyéndose la Iglesia, la crítica, y yo mismo), y esto es lo que preocupa. Antes he preguntado qué se le pasa por la cabeza a Gibson, pero lo realmente importante es qué pasa por la de los demás para llegar al punto de conseguir la película y verla de nuevo (como hice la semana pasada); en un principio sólo parece una muestra más de la vanalización de toda violencia y de lo retorcido de la mente humana que la usa como entretenimiento, pero no hay que olvidar que el personaje que está en la pantalla es Jesucristo, que se trata de uno de los episodios fundamentales de La Biblia, y que el propio Papa, por aquél entonces Juan Pablo II, comunicó su agrado al verla (aunque por aquel entonces ya debía hablar el Opus más que él).
Esperaré con ansia el día en que alguien se decida a hacer una película con lo que pudo ser la vida real de Jesús; que es cierto que hay muchos análisis distintos, pero yo me quedaría con el que hace Marvin Harris en Vacas, cerdos, guerras y brujas (lectura harto recomendable, y muy especialmente los capítulos dedicados a Jesucristo junto con los de la caza de brujas).