Es famoso el jueguecito que consiste en sustituir la segunda parte de un refrán por "patada en los cojones"; por ejemplo, "Quien a buen árbol se arrima, patada en los cojones". Aún más, la combinacon "...entre los brazos...entre las piernas"; por ejemplo, "Quien a buen árbol se arrima entre los brazos, buena sombra le cobija entre las piernas". Pero bueno, basta de desvaríos que sólo sirven para explicar el tono burlón del título de esta entrada que va dirigida, mucho me temo, a plantear por escrito lo que el otro día discutía con Marcos en persona, es decir, la campaña del PCE/IU "Contra la crisis, III República".
Sinceramente, me parece un error estratégico gravísimo que IU no debería cometer en un momento que, precisamente por ser de crisis, debería aprovechar para recuperar el prestigio perdido. Y conste que digo esto siendo simpatizante del partido, abiertamente republicano y nieto de un miembro del maquis.
¿Por qué me parece inapropiado? Evidentemente, no por el fondo del planteamiento, con el que estoy de acuerdo, sino porque la estrategia politica que IU desarrolla implica que la III República podría surgir sólo de un pacto con otros partidos republicanos aunque ideológicamente variados. Hay que tener en cuenta que a un impresentable como Jiménez Losdemonios la monarquía no sólo no le importa una mierda sino que, como liberal, puede considerarla un atraso político.
La forma de gobierno, como tal, es políticamente aséptica y sólo representa, como mucho y en la comparación Monarquía/República, una cierta modernización en el planteamiento.
¿Qué sucedería si IU movilizase un apoyo importante con la reivindicación de la III República, creando la suficiente inestabilidad como para convertirse en un problema? Al PP y al PSOE les preocuparía bien poco decir: "Vale, toma tu República". Y entonces en vez de a Juancar podríamos tener a Aznar como Jefe del Estado y, lo que es más importante en este supuesto, la crisis se mantendría.
Es cierto que la idea de IU implica una República socialista de valores similares a los de la II República, pero un cambio en la forma de política del Estado, dentro del planteamiento actual de IU, surge de un proceso democrático al uso y no de un Golpe revolucionario. Evidentemente, si uno toma el poder por las armas, puede poner en marcha el programa que decida, pero de un "consenso político" con el PP y el PSOE no saldría una República socialista, sino una República como las Europeas (ejemplos paradigmáticos: Francia e Italia). Es cierto que el simple hecho de terminar con el anacronismo monárquico sería una fortuna, pero no es un planteamiento presentable de cara a la situación de crisis económica.
El obrero que tiene que votar a IU no piensa en un mundo idílico cuando le hablan de una III República guiada por el espíritu de Azaña. Por desgracia, el imaginario colectivo y el propio proceso histórico le hacen pensar en Guerra Civil y en Franco, y, para eso, mejor mantener a Juancar y votar al PSOE.
¿Cuál es, entonces la estrategia apropiada? Evidentemente, la consigna socialista/comunista no es mucho más efectiva (posiblemente lo sea menos), pero sí es su planteamiento el que debería expresarse. Si de mí dependiera, dedicaría todos los esfuerzos políticos (e intelectuales) a elaborar un buen programa fundamentado sobre el análisis económico de la situación. Los problemas son económicos y las soluciones han de moverse en ese mismo plano, abandonando (aunque sea temporalmente) la reivindicación del cambio formal del Estado; la advertencia, además, es clara: si la izquierda no toma la iniciativa, lo hará la extrema derecha, y posiblemente no nos convenga permitir a un adversario potencialmente tan peligroso la más mínima ventaja.
Sinceramente, me parece un error estratégico gravísimo que IU no debería cometer en un momento que, precisamente por ser de crisis, debería aprovechar para recuperar el prestigio perdido. Y conste que digo esto siendo simpatizante del partido, abiertamente republicano y nieto de un miembro del maquis.
¿Por qué me parece inapropiado? Evidentemente, no por el fondo del planteamiento, con el que estoy de acuerdo, sino porque la estrategia politica que IU desarrolla implica que la III República podría surgir sólo de un pacto con otros partidos republicanos aunque ideológicamente variados. Hay que tener en cuenta que a un impresentable como Jiménez Losdemonios la monarquía no sólo no le importa una mierda sino que, como liberal, puede considerarla un atraso político.
La forma de gobierno, como tal, es políticamente aséptica y sólo representa, como mucho y en la comparación Monarquía/República, una cierta modernización en el planteamiento.
¿Qué sucedería si IU movilizase un apoyo importante con la reivindicación de la III República, creando la suficiente inestabilidad como para convertirse en un problema? Al PP y al PSOE les preocuparía bien poco decir: "Vale, toma tu República". Y entonces en vez de a Juancar podríamos tener a Aznar como Jefe del Estado y, lo que es más importante en este supuesto, la crisis se mantendría.
Es cierto que la idea de IU implica una República socialista de valores similares a los de la II República, pero un cambio en la forma de política del Estado, dentro del planteamiento actual de IU, surge de un proceso democrático al uso y no de un Golpe revolucionario. Evidentemente, si uno toma el poder por las armas, puede poner en marcha el programa que decida, pero de un "consenso político" con el PP y el PSOE no saldría una República socialista, sino una República como las Europeas (ejemplos paradigmáticos: Francia e Italia). Es cierto que el simple hecho de terminar con el anacronismo monárquico sería una fortuna, pero no es un planteamiento presentable de cara a la situación de crisis económica.
El obrero que tiene que votar a IU no piensa en un mundo idílico cuando le hablan de una III República guiada por el espíritu de Azaña. Por desgracia, el imaginario colectivo y el propio proceso histórico le hacen pensar en Guerra Civil y en Franco, y, para eso, mejor mantener a Juancar y votar al PSOE.
¿Cuál es, entonces la estrategia apropiada? Evidentemente, la consigna socialista/comunista no es mucho más efectiva (posiblemente lo sea menos), pero sí es su planteamiento el que debería expresarse. Si de mí dependiera, dedicaría todos los esfuerzos políticos (e intelectuales) a elaborar un buen programa fundamentado sobre el análisis económico de la situación. Los problemas son económicos y las soluciones han de moverse en ese mismo plano, abandonando (aunque sea temporalmente) la reivindicación del cambio formal del Estado; la advertencia, además, es clara: si la izquierda no toma la iniciativa, lo hará la extrema derecha, y posiblemente no nos convenga permitir a un adversario potencialmente tan peligroso la más mínima ventaja.
