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25/12/08

El mosquito y el preso

Pido disculpas a los lectores fieles que tendrán que leer esta entrada y la anterior juntas, pero ha surgido en mi cabeza una importante reflexión que me gustaría poner por escrito. Ahí va:

La pregunta es simple, sencilla, directa, y deja pocas dudas en cuanto al contenido pero todas en cuanto a la respuesta. Si tuvieran que elegir, ¿serían un mosquito o un preso? El mosquito pocas variaciones puede tener en su existencia, el preso es un preso de por vida, aunque se presupone que en una cárcel bien montada donde puede disponer de todo lo que necesite excepto de su libertad de movimiento. Responded a la pregunta (razonadamente) y ahora continuo. ¿Ya? Sigamos.

El razonamiento de los mosquitos suele ser algo así: "No puedo carecer de mi libertad como un preso, ser humano o no es lo de menos; lo importante es ser libre, y el mosquito encarna esa libertad, aunque tal vez su vida dure menos tiempo".
El razonamiento de los presos (el mío) es el siguiente: "La libertad del mosquito sólo es entendida como libertad por el humano que se pone en el lugar del mosquito; él mismo, sin embargo, no puede ser consciente ni siquiera de lo que la propia libertad significa, sino que sus posibilidades de vida son tan estrictamente reducidas que es menos libre que el preso porque éste al menos puede soñar la libertad, pensarla, leerla en libros o imaginarla".

Se vuelve, desde mi punto de vista, una cuestión de pura intelectualidad. El que elige ser mosquito en realidad no ha sido capaz de salir de su propia condición de hombre y no ha podido comprender la existencia más allá de sí mismo; el que elige el preso, sin embargo, se plantea la existencia del mosquito en sus justos términos y descubre que no es en absoluto mejor que la del preso. La diferencia es que el preso es consciente de su propia prisión, mientras que el mosquito es preso de la libertad que no puede comprender.

Ascendiendo el asunto a un punto de vista todavía más filosófico, podríamos decir que los mosquitos serían, entonces, aquellos que creen ciegamente en la existencia de la libertad y que se mueven pensando en ese patrón, mientras que los presos aceptan la más que posible ultradeterminación externa de la vida para hacerse cargo de ella e intentar vivir dentro de sus límites. Parece que lo crucial es tener el valor, tal vez la capacidad, de aceptar la condición de preso, que no es más que la propia naturaleza de lo humano, en vez de soñar con la construcción humana e irreal de la vida del mosquito.


Desde aquí podemos intentar comprender las propias relaciones humanas; ¿hasta qué punto es compatible un mosquito con un preso? Siguiendo con la metáfora, parece que su relación será efímera: en el mejor de los casos, el mosquito morirá antes que el preso porque su ciclo vital es más corto. En los peores, el preso se deshará del mosquito o el mosquito se marchará por donde ha venido.
Fuera de la metáfora, ¿hasta qué punto son irreconciliables las personalidades y formas de entender la vida asociadas a cada opción? Y, lo que es más importante, ¿qué solución nos queda a los presos ante un mundo lleno de mosquitos?

Desde mi celda, gracias por el vuelo.

3 comentarios:

Corpi dijo...

Quizá prefiriese ser mosquito.

Oruga Azul dijo...

¿Sabrías decir por qué? Tal vez tengas un argumento distinto al que he escrito...

Jose dijo...

Como dijo alguien; es la mente la que nos hace libres, prefiero ser preso y pensar, leer o imaginar que ser mosquito y no pensar.