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4/3/10

Sobre el complejo asunto de si "la gente es tonta"

[Publicado originalmente en Gestio Scire Omnia]

En los ambientes intelectuales y políticos en los que normalmente nos encontramos los participantes en este ágora de baja densidad de población suele ser normal escuchar la famosa sentencia "La gente es tonta". Si el Gobierno da una pasta brutal a los bancos a cambio de nada y la gente no quema la Bolsa, es que es tonta; si nos cuelan una reforma universitaria que es, ha sido y será una mierda, y la gente no quema al Decano, es que es tonta; si la programación televisiva cada vez es peor, y si a pesar de eso cada vez hay más telespectadores, es que la gente es tonta...
Las posiciones políticas considerables (por sí mismas y por el observador) de izquierdas, sin embargo, tienen el problema particular de considerarse democráticas y, dependiendo de la corriente, de confiar ciegamente en "la voluntad de las masas". A la luz del consenso científico del sentido común en torno a la estupidez del género humano, pues, tenemos que enfrentarnos a una dura contradicción entre los supuestos político-ideológicos de los que partimos y los sesudos resultados de nuestras "investigaciones de campo".
Para resolver la contradicción hemos de revisar al menos uno de los elementos del problema: o bien la gente es tonta y deberíamos abandonar la democracia para apoyar un gobierno de las elites (en las que, por supuesto, estamos incluidos nosotros); o bien la democracia y la confianza en "la gente" son elementos irrenunciables y tenemos que revisar nuestra investigación empírica.
Aquí vamos a explorar esta segunda opción, asumiendo el riesgo de que tal vez alguien decida que es mucho más interesante entrar a revisar qué es eso de "las masas" o qué entendemos por "democracia"; para eso, como siempre, están los comentarios.

El primer problema es el propio resultado de la sesuda investigación de nuestro sentido común: ¿qué carajo queremos decir cuando afirmamos que "la gente es tonta"?¿Que es incapaz de aprender a leer y escribir?¿Que bebe Mahou habiendo Heineken?¿Que coge el coche para ir a un sitio que está a 5 minutos a pie? Pues sí y no. O sea, es todo eso y mucho más. Digamos que "la gente es tonta" porque no consigue, eso vemos, definir de forma absolutamente racional y científica aquello que le conviene. Así que en principio no podemos hacer ninguna observación: el razonamiento es perfectamente legítimo.
Sin embargo, tal vez plantear el asunto desde un punto de vista epistemológico (y recurriendo a un ejemplo real de brillante investigación económico-político-sociológica) consigamos llegar a resultados opuestos. El ejemplo es la exposición que hace Marx en El Capital del problema del plusvalor (Capítulo IV, Sección Segunda, Libro Primero). Breve (brevísima) y simple (simplísima) exposición de lo básico (basiquísimo) para los no versados:

1) Todas las mercancías se compran y venden a su valor, lo cual produce un ciclo D-M-D.
2) A pesar de ello, es comprobable un constante crecimiento de la riqueza social, de forma que al final del ciclo hay más dinero que al principio, es decir, D-M-D'.

Entonces, Marx juega a suponer que el origen de esa cantidad adicional de dinero deriva de la astucia de los productores/vendedores de mercancías, que consiguen comprar barato y vender caro. Ejemplo: un tipo hace zapatos y, partiendo del supuesto, compra barato lo que necesita para producir zapatos (cuero, caucho, hilo...) y luego vende caro; si los costos de producción ascienden a 5 y él vende a 7, gana 2.
El supuesto funciona mientras sólo ese tipo es listo (es decir, sabe lo que le conviene y por eso compra barato y vende caro) y los demás son tontos (es decir, no saben lo que les conviene y por eso venden barato y compran caro). Pero en el momento en que intentamos generalizar la explicación para dar cuenta del fenómeno empírico del incremento constante de la riqueza social, tenemos un problema: ese incremento nos hace pensar que no hay sólo un tipo listo, sino muchos (tantos como para convertir el crecimiento económico en un fenómeno generalizado). Y, si hay muchos, ¿cómo es posible que cada uno de ellos encuentre siempre al "tonto" que, venda lo que venda, compre lo que compre, siempre lo haga por debajo o por encima de su precio para salir perdiendo?
Siguiendo al famoso sentido común que antes nos llevaba a concluir que "la gente es tonta", tenemos que aceptar que la supervivencia de los productores depende, claro, de que todos sean tontos y listos al mismo tiempo, comprando y vendiendo barato o caro según las circunstancias.
No hace falta, me temo, saber mucho de lógica formal para saber que la proposición "La gente es tonta" no puede ser compatible con "La gente es tonta y lista al mismo tiempo", y de hecho esta última proposición ni siquiera es lógicamente aceptable puesto que es contradictoria per se. Por tanto, la única generalización aceptable es que "la gente es lista", es decir, sabe lo que le conviene, es decir, compra y vende las mercancías a su valor, es decir, consigue enriquecerse a través de algún otro mecanismo. Dicho mecanismo, dirá Marx, tiene lugar en la producción y está relacionado con la propiedad particular de la mercancía fuerza de trabajo, que es la de producir no sólo el valor necesario para su reproducción, sino una cantidad adicional, un plusvalor.

Si asumimos, y es de sentido común, que no podemos cambiar nuestros juicios acerca de la gente según convenga a nuestra investigación (imaginad la posibilidad de decidir desde la biología que el ser humano es un mamífero y desde la demografía que se reproduce por esporas), no tenemos más remedio que aceptar que una afirmación como que "la gente es tonta" (es decir, que "no sabe lo que le conviene") no sirve para explicar comportamientos que consideramos "de tontos". La gente, pues, "sabe lo que le conviene" y, si no hace o no persigue aquello que es más conveniente, tendremos que buscar explicaciones distintas a las relacionadas con su teórica estupidez; o, dicho de otra manera, aunque podamos demostrar científicamente la existencia de individuos tontos, esa apreciación no tiene virtualidad analítica para explicar los comportamientos sociales.

Creo que deberíamos tener en cuenta estas observaciones cuando nos planteamos "hacer la revolución" o animar a otros, en otras partes del mundo, a "hacerla".

5 comentarios:

Eowin14 dijo...

Muy bueno, oruguita ;)

Aiguasalada dijo...

Desde luego no voy a ser yo, desde mi posición de maestra, de decir que alguien es tonto/a o no lo es. Incondicionalmente ninguno/a de mis alumnos/as se ajusta a esa descripción. Tampoco tú, que me maravillas cada vez que escribes algo. Qué bien que existan asuntos complejos. Besos desde Menorca, aun (ya queda poco!!!!)

La del manojo de rosas dijo...

Me ha encantado la entrada. Ahora bien, le voy a hacer un comentario. La explicación está muy bien traida en cuanto a rol de consumidores de los individuos en las sociedades desarrolladas, pero esto deja de lado en mi opinión que los seres humanos también desempeñan un papel en cuanto sociedad civil, aunque sea un papel muy disminuído en beneficio del mercado y de los roles que apareja éste. En el terreno de la inteligencia a la hora de ganar dinero (supongo que sería una inteligencia pragmática) no se explican los comportamientos humanos puramente políticos, que también los hay y no siempre se explican en términos de rentabilidad.

Es un placer leerte.

Oruga Azul dijo...

Hmm... Me temo que poner ejemplos que tienen que ver de alguna forma con economía corren el riesgo de ser interpretados desde el punto de vista de la economía "al uso". Por eso es posible ver en ellos una cierta defensa de una racionalidad meramente instrumental.
Sin embargo, si te fijas, planteo justamente una crítica a las lecturas meramente instrumentales de la acción humana.

Pongamos un ejemplo real: movilizaciones de los estudiantes españoles en el año 1987 contra los efectos de aplicación de la LRU. Maravall ofrece una negociación que es aceptada por los vendidos del Sindicato de Estudiantes; los movilizados a través de las asambleas no aceptan el trato, siguen montando bronca y al final no consiguen "nada".
¿Qué diría el defensor de la existencia exclusiva de una racionalidad instrumental? Los estudiantes eran tontos; si hubieran negociado, habrían conseguido "más".
Precisamente el texto vendría a demostrar (porque el argumento es extrapolable a cualquier campo) que esa no es una respuesta aceptable. ¿Qué respuesta se me ocurre a mí para este caso concreto? Racionalidad expresiva y búsqueda (no estratégica) de reconocimiento.

Oruga Azul dijo...

Por otra parte, entender el ejemplo que he puesto de Marx en términos estrictamente económicos (como si se tratase de un simple juego relacionado con la oferta y la demanda) es hacer una lectura muy parcial de lo que supone el planteamiento. Los conceptos utilizados en la explicación son:

[1] Mercancía. Forma general de expresión de la riqueza en las sociedades capitalistas. Implica la existencia de mercados que lo absorben todo, implica que el medio fundamental de subsistencia de la amplia mayoria de las personas depende de la compra-venta, implica un reconocimiento de derechos y libertades individuales indisociable de las revoluciones burguesas (libertad, igualdad, propiedad)...

[2] Valor. Implica un dispositivo social automático que permite comparar en términos cuantitativos actividades cualitativamente tan diversas como hacer zapatos, escribir informes, vender seguros o montar ordenadores; implica por ello un ejercicio de abstracción tan brutal y violento como el de abstraer de una realidad social el lugar donde vives, el nivel educativo que posees o el salario que ganas para decretar la igualdad de todo ser humano ante la ley; implica una forma concreta de sociedad en la que una parte fundamental de sus relaciones sociales tiene como nexo y sustento el trabajo mediado por el mercado.

[3] Plusvalor. Implica la escisión entre la capacidad de todo ser humano de producir y el propio acto de producción; implica que esa producción ya no es importante por el contenido material de lo producido, sino por el valor añadido que dicho trabajo implica al estar enmarcado en un contexto social muy preciso; implica un proceso político y real de desposesión de una clase por parte de otra, que termina obligando a los desposeídos a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario; implica explotación e implica la existencia de un aparato político que ha acumulado el suficiente poder como para solventar las tensiones internas del capital y crear las condiciones legales propicias (jornada de 8 horas, derechos sociales...) para que los obreros no se mueran y puedan seguir trabajando.

Volviendo al caso de los estudiantes, la movilización se enmarca en un contexto de crisis económica y de destrucción del Estado de Bienestar; el salto generacional de quienes se manifiestan en comparación con sus padres, profesores y gobernantes es que ellos les han prometido (y han disfrutado) de un pleno empleo que no volverá. Además, esa racionalidad expresiva implica la búsqueda de reconocimiento de una identidad colectiva; y es ese precisamente el tipo de identidad que el capital ni tiene en cuenta ni desea, porque cuanto más individuos y más aislados estemos, cuanto más se basen nuestras relaciones en simples alternancias de compra y venta, mejor.

Pero bueno, esto ya me lo has oído decir un buen puñado de veces, así que no doy más la lata...

Besos.